Les preguntamos a nuestros nuevos estudiantes qué fue lo que más los sorprendió... estas fueron sus respuestas
Parece una frase sencilla, pero detrás existe un cambio importante: pasar de pensar solamente en qué tan difícil será una carrera a comenzar a preguntarse qué necesito hacer yo para estar preparado para ella.
Hay cosas sobre la universidad que puedes conocer antes de entrar.
Puedes revisar el plan de estudios. Preguntar por los horarios. Recorrer las instalaciones. Investigar sobre las materias. Incluso hablar con alguien que ya estudie la carrera.
Pero hay otras que solo descubres cuando finalmente estás ahí.
Cuando ocupas por primera vez un lugar en el salón, conoces a quienes serán tus profesores y compañeros y empiezas a darte cuenta de que aquello que durante meses imaginaste como “mi futura carrera” está a punto de convertirse, simplemente, en tu vida cotidiana.
Por eso quisimos hacer algo diferente.
En lugar de contar nosotros cómo fue la llegada de nuestros nuevos estudiantes de Medicina a la Universidad Tominaga Nakamoto, les preguntamos a ellos qué habían descubierto durante sus primeras semanas.
Y algunas respuestas nos hicieron pensar.
“Pensé que Medicina sería…”
Difícil.
Esa fue una de las primeras palabras que apareció.
Y probablemente no sorprenda demasiado. Quien decide estudiar Medicina sabe que está eligiendo una carrera que exige estudio, constancia y muchos años de preparación.
Lo interesante fue lo que ocurrió después.
Tras vivir el Curso Propedéutico y acercarse por primera vez a contenidos, profesores y dinámicas relacionadas con su futura formación, la percepción comenzó a cambiar.
La dificultad seguía ahí, por supuesto. Pero ahora tenía otro significado.
Uno de los estudiantes lo resumió así:
“Se necesita mucha disciplina”.
Parece una frase sencilla, pero detrás existe un cambio importante: pasar de pensar solamente en qué tan difícil será una carrera a comenzar a preguntarse qué necesito hacer yo para estar preparado para ella.
Y ese cambio de perspectiva también forma parte de comenzar la universidad.
Lo que más los sorprendió no fue una materia
Cuando preguntamos qué había destacado especialmente durante esta primera experiencia universitaria, hubo una respuesta que se repitió:
(...) los profesores.
(...) su manera de explicar, el dominio de los temas, la disposición para resolver dudas y el trato hacia los estudiantes fueron algunos de los aspectos mejor valorados.
Porque una buena clase no consiste únicamente en transmitir información.
También puede despertar curiosidad.
Puede hacer que un tema difícil comience a tener sentido.
Y, algunas veces, puede provocar que un estudiante salga del salón pensando: “Esto es exactamente lo que quiero estudiar”.
De hecho, al valorar su experiencia, los estudiantes destacaron especialmente la calidad académica y la calidad de los docentes.
Y quizá ahí exista una de las primeras sorpresas de la vida universitaria: descubrir que el profesor ya no es solamente quien está frente al grupo explicando un tema, sino alguien que puede comenzar a mostrarte cómo piensa y trabaja un profesional de la disciplina que elegiste.
Medicina resultó ser mucho más de lo que imaginaban
También apareció otro descubrimiento interesante.
Antes de comenzar, uno de los estudiantes imaginaba la Medicina como una profesión mucho más limitada a la atención de pacientes y determinadas actividades clínicas.
Después del curso escribió algo diferente:
“La Medicina involucra muchos aspectos más allá de solo estar con los pacientes”.
Investigación. Ciencias básicas. Pensamiento crítico. Ética. Disciplina. Estudio constante. Trabajo con otras personas. Toma de decisiones.
Poco a poco, la imagen inicial de “quiero ser médico” comienza a llenarse de significado.
Y precisamente para eso existe una experiencia propedéutica: no solamente para repasar conocimientos antes del primer semestre, sino para permitir que el estudiante tenga un primer acercamiento a lo que implicará realmente la profesión que eligió.
También descubrieron algo sobre ellos mismos
Quizás esta fue la parte más interesante de sus respuestas.
Cuando alguien está a punto de entrar a la universidad, casi todas las preguntas parecen estar relacionadas con el exterior:
¿Cómo serán las clases? ¿Serán difíciles las materias? ¿Cómo serán los profesores? ¿Podré con el ritmo?
Pero después de algunas semanas aparecen preguntas diferentes.
¿Cómo estudio mejor? ¿Qué necesito cambiar? ¿Estoy aprovechando realmente mi tiempo?
Uno de los comentarios de los estudiantes dejó una idea especialmente valiosa:
“Las personas aprenden de forma distinta”.
Y reconocerlo desde el inicio puede marcar una enorme diferencia.
La universidad también implica descubrir cómo aprendemos, qué hábitos necesitamos fortalecer y qué estrategias tendremos que abandonar.
Entre los aprendizajes mencionados apareció nuevamente una palabra:
disciplina.
No memorizar más.
No estudiar durante más horas simplemente porque sí.
Disciplina. Una habilidad que probablemente acompañará a estos estudiantes mucho después de terminar su primer semestre.
¿Y el miedo del primer día?
No desaparece mágicamente.
Y tampoco tendría por qué hacerlo.
Comenzar una carrera universitaria significa entrar en un territorio nuevo. Hay expectativas, nervios, preguntas y seguramente alguna que otra duda sobre si realmente estamos preparados.
Pero algo comienza a cambiar cuando ese lugar desconocido empieza a sentirse familiar.
Cuando reconoces a tus compañeros.
Cuando sabes a qué salón debes dirigirte.
Cuando puedes acercarte a un profesor para preguntar algo.
Cuando empiezas a entender el lenguaje de tu carrera.
Y cuando un día, casi sin darte cuenta, dejas de sentir que estás visitando una universidad y comienzas a sentir que formas parte de ella.
Las respuestas de nuestros estudiantes también reflejaron esa transición: una mayor comprensión de lo que significa estudiar Medicina, confianza en su elección profesional, motivación para comenzar el semestre y un creciente sentido de pertenencia a la comunidad universitaria.
Eso también es aprender.
Si pudieran darle un consejo a quien viene detrás…
Les hicimos esa pregunta.
Y las respuestas probablemente sirven para cualquier persona que esté a punto de comenzar la universidad:
“No se confíe y repase”.
Y otra que nos gustó especialmente:
“Que venga con la mente abierta, que no se cierre a aprender cosas”.
Tal vez no exista un consejo mejor.
Porque nadie llega a la universidad sabiéndolo todo.
Ni siquiera sabiendo exactamente cómo será.
Se llega con conocimientos, expectativas, inseguridades, sueños y muchas preguntas.
Lo demás se va construyendo.
Clase a clase.
Error a error.
Pregunta a pregunta.
Hay experiencias que no se pueden explicar en un folleto
Puedes leer acerca de una universidad.
Puedes mirar fotografías.
Puedes consultar su oferta académica y conocer sus instalaciones a través de una pantalla.
Pero vivir una clase es diferente.
Escuchar a un profesor explicar un tema, conocer el ambiente, conversar con estudiantes y recorrer los espacios donde podrías pasar los próximos años puede ayudarte a responder una pregunta mucho más importante:
¿Me imagino estudiando aquí?
Por eso, si estás pensando en comenzar una carrera universitaria, nuestra invitación no es solamente a que conozcas la Universidad Tominaga Nakamoto.
Es a que la experimentes.
Ven a una clase muestra, conoce a nuestros profesores, recorre las instalaciones y vive por unas horas la experiencia de ser estudiante universitario.
Y si quieres saber qué opinan quienes ya dieron ese primer paso, mira nuestro Reel con entrevistas a nuevos estudiantes. Esta vez no queremos contártelo nosotros.
Queremos que lo escuches de ellos.
. _ Una última respuesta
Al final de la encuesta hicimos una pregunta muy sencilla:
Si la Universidad publicara un artículo sobre esta generación, ¿qué mensaje te gustaría compartir como estudiante?
Uno de ellos escribió:
“Existen sueños grandes, pero ningún soñador chiquito”.
Quizá esa sea también una buena manera de comenzar una carrera universitaria.
Con un sueño grande.
Y con la decisión de empezar a construirlo.

